MILAGRO: "MAY DAY" del "YV - 1450 P, BE-36"


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Con esta actitud hacia la vida hoy nos abandono Franco Bellarosa nuestro querido colega "Colibri". 



 Cumplo con el penoso deber de participarles su fallecimiento en la mañana de hoy en Boca Ratón, Florida.


Por otro lado nos queda la Grandisima Satisfacción que con El logrado Rescate de Alta Mar (Franco y Nacho hermanos de naufragio) le arrancamos a este día un 26 de Julio del 2001 Quince Años más de feliz existencia en los cuales lo disfrutamos a plenitud tanto familiares como amigos.

Te extrañaremos mucho Colibri

Ali y Marianella Torres Bueno
TOWER AIR



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"MAY DAY" del "YV - 1450 P, BE-36"

El día jueves 26 de julio de 2001, la aeronave de bandera venezolana YV - 1450 P, BEECHCRAFT, Modelo: BE- 36, Serial E-1220, AÑO 1978, despego del aeropuerto Internacional La Chinita, Maracaibo (SVMC), Estado Zulia, Venezuela, a las 06:09 HLV (10:09 GMT), con destino el aeropuerto de la isla de PROVIDENCIAL, (MBPV), los pilotos Cap. JOSÉ IGNACIO LUZARDO y FRANCO BELAROSA CIOE V- 9.584.251 radiaron un MAY DAY a las 07:35 HLV (11:35 GMT) en las COORDENADAS LATITUD 13° 24´09´´ NORTE/ LONGITUD 71° 03¨00´´ OESTE se encontraba a 1.000 sobre el nivel del mar cayendo.

LOS OCUPANTES FUERON LOCALIZADOS VIVOS FLOTANDO EN BALSA SALVAVIDAS

ESE DIA JUEVES 26 DE JULIO DE 2001 a las 12:40 HLV (16:40 GMT), FUERON AVISTADOS POR AVION P3C-ORION DE BUSQUEDA LOS DOS OCUPANTES DEL YV- 1450 P, EN LAS COORDENADAS 13° 23´ NORTE / 71° 11´OESTE, RESCATADOS VIVOS POR HELICÓPTERO LYNX DEL BARCO DE GUERRA H.M.S. VAN AMSTEL DE LA MARINA HOLANDESA.



El helicóptero de la Marina Holandesa ejecuta el rescate milagroso, mientras la balsa se bambolea en un mar poblado de tiburones rescatan FRANCO BELLAROSA CIOE



FRANCO BELLAROSA 60 AÑOS, pasajero



JOSÉ IGNACIO LUZARDO 29 AÑOS, piloto





Los dos sobrevivientes al llegar a Maracaibo, narraron la odisea

FRANCO BELLAROSA de 60 años, y JOSÉ IGNACIO LUZARDO de 29 años, al arribar al aeroclub de Maracaibo.

TOMADO DEL DIARIO PANORAMA DE MARACAIBO, VENEZUELA 27 DE JULIO DE 2001
Texto: Begoña León/Foto: Pedro López

"Yo no me podía morir todavía, porque le prometí a mis nietos contarles una verdadera aventura cuando regresara del viaje, Dios dame la oportunidad de contarla", dijo con los ojos llenos de lágrimas a su llegada al aeropuerto internacional La Chinita, Franco Bellarosa, sobreviviente junto con José Ignacio Luzardo del amarizaje en el Caribe el pasado jueves 26 de julio de 2001.

El piloto Bellarosa, y "Nacho" Luzardo, acompañante, fueron rescatados por un helicóptero de la marina holandesa en aguas del Mar Caribe, y ayer fueron recibidos por un nutrido grupo de familiares y amigos que desde tempranas horas de la mañana los esperó en el aeroclub de Maracaibo.

"Perdóneme si no dejo de llorar, pero es que cuando la hélice de la aeronave se paró dije, Dios, yo le prometí a mis nietos; que los quiero más que a nadie en este mundo, que les contaría una verdadera historia de aventura, pero se me pasó la mano porque nunca creí que fuera yo el protagonista", dijo Bellarosa.

El piloto hizo una pausa y miró a sus familiares, que aún creían estar viviendo una novela. Bellarosa le agradeció a Dios que le diera la fuerza para estar de nuevo junto a ellos.

La falla

"Si no hubiera sido por la habilidad de mi navegante, "Nacho", los dos no estuviéramos aquí contando la historia. El amarizaje de la aeronave la realizamos, gracias a los conocimientos y destrezas de Ignacio Luzardo. La causa del accidente fue una pérdida de motor, debido a una falla de la bomba de aceite".

Bellarosa apuntó que estuvieron chequeando y revisando los instrumentos y realmente fue la bomba que dejó de funcionar, lo que llevó al motor a recalentarse porque el aceite estaba dentro, pero no estaba circulando.

"Sí he tenido problemas en el aire, pero nunca de esta magnitud. Nadie sabe lo que es amarizar en un mar con un avioncito de este tamaño con olas de tres metros de altura, sólo el tres por ciento sale vivo de allí. Afortunadamente fuimos parte de ese tres por ciento, somos privilegiados. Dios nos dio la oportunidad de continuar con nuestra familia".

Siempre tuve calma

José Ignacio Luzardo, un experto piloto privado, de apenas 29 años, sólo tuvo algunos golpes. Luego de bajar del avión con un collarín para asegurar su columna cervical, dijo que también pasó un susto pero confiaba todo el tiempo en que los rescatarían.

"En estos momentos no es mucho lo que se piensa, sino en salvarse. Lo que nos quedaba era esperar confiados que las señales de alerta fueran transmitidas, escuchadas por la central de comunicaciones". "Traté de mantener la calma cuando reporté la falla a la central de Aruba, ya que tenía la responsabilidad de salir con vida de ese accidente. En mi mente sólo veía la imagen de mi familia y me hice responsable por la integridad de mi amigo Franco, también me pasó por la mente la cantidad de cosas que me faltan por hacer y Dios no me las podía quitar".

Luzardo agradeció a sus amigos la preocupación y el interés que mostraron todo el tiempo. "Aquí uno siente quienes son los verdaderos amigos, sé que se realizó una misa de Acción de Gracias en nombre nuestro y eso se agradece".

La familia

Para Licia Pietroseli, sobrina de Franco Bellarosa, ver de nuevo a su tío es como si hubiese pasado mucho tiempo y se vuelven a reencontrar, lo cual comparte su hermana Fiorella Pietroseli.

"El ver de nuevo a nuestro amigo Nacho y a mi tío Franco fue para todos en la familia como un nuevo nacimiento. Estamos agradecidos con todas las personas que participaron en este rescate".

EL AVIÓN BONANZA YV-1450 P

Marca: Beechcraft

Modelo: Bonanza A-36

Año: 1978

Velocidad Max: 322 km/h

Techo servicio: 5,639 m

Autonomía: 1,722 km

Motor: Teledyne Continental 285 hp

Peso vacío: 1,148 kg

Peso carga: 514 kg

Envergadura Ala: 10.21 m

Largo: 8.38 m

Altura cola: 2.62 m

Capacidad: 6 personas

José Ignacio Luzardo y Franco Bellarosa confiaron en que iban a ser rescatados

Los sobrevivientes nunca perdieron la esperanza

Luzardo, copiloto de la aeronave siglas YV-1450 P, marca Beechraft A-36 Bonanza, confió que su mensaje de auxilio había sido recibido en la central de comunicaciones de Aruba. Expertos en rescate explican cómo se debe realizar un salvamento.

José Ignacio Luzardo, ingeniero y piloto privado, manifestó que al momento de caer el avión donde viajaban estaba confiado que el llamado de auxilio, "May day, may day", había sido escuchado por la central de comunicaciones de Aruba.

"A 87 millas náuticas de la orilla de la isla de Aruba estuvimos esperando el rescate. Recuerdo que el avión cayó a las 7:40 a.m., desde esa hora empezó la travesía, la angustia, pero no podía mostrar desesperación, pues mi amigo Franco Bellarosa confiaba en mí".

Luzardo acotó que no fue sino hasta la 1:59 de la tarde cuando el helicóptero de la Marina Holandesa, con base en Aruba, inició el rescate.

"Le dieron prioridad a Bellarosa, pues estaba más golpeado que yo. Bajó el rescatista y lo amarró a la soga para subirlo en forma de rapel. Las condiciones no eran las más adecuadas porque además del fuerte oleaje, la marejada que hacía el helicóptero podía voltear la balsa", dijo.

"A las 2:04 me sacaron a mí, fue una experiencia, si se quiere extraordinaria".

"Cuando nos divisó el helicóptero enseguida prendió las luces para avisarnos que nos habían encontrado, eso fue a las 11:34 de la mañana y desde ese momento la calma fue total. Ya nos vieron, ahora a esperar.

Estuvimos en el agua 6 horas con 20 minutos", afirmó Luzardo.

Agregó que "un oficial de la Marina Holandesa bajó en rapel y aseguró primero a Franco, sólo cuatro minutos transcurrieron para que vinieran por mí. La preparación de esos rescatistas es impresionante".

"Nos trataron muy bien. Fuimos internados en el hospital Dr. Horacio Odúber de Aruba. Por este incidente no dejaré de pilotear y cuando me recupere volveré a volar porque es mi pasión".

Expertos

En Maracaibo existen varios grupos de rescate, y en este sentido, el capitán Luis Párraga, piloto comercial con 35 años de experiencia en el vuelo, manifestó que una de las sensaciones más placenteras de un ser humano es salvarle la vida a otro.

"Para realizar un rescate aéreo se deben tomar en cuenta varios factores, entre ellos, el ambiente. Tenemos que precisar bajo qué condiciones atmosféricas se realizará el salvamento y cómo, pues se podría producir
otro accidente, ya ha ocurrido en otras ocasiones".

"En segundo lugar se debe contactar el personal adecuado, generalmente la persona que baja primero debe ser un paramédico quien determina cuál de las víctimas es la que se rescatará primero, la que subirá de segundo y así sucesivamente".

"En todos los casos damos prioridad a mujeres y niños, y de segundo dejamos a hombres y ancianos, esto suena cruel, pero no podemos preferir una persona que ya ha vivido mucho con otra que está empezando a vivir".

Aquí en el Zulia, dice Párraga, la empresa Pdvsa posee uno de los mejores equipos de rescate del país, pues tienen la posibilidad económica y gran parte de sus trabajadores laboran en el Lago.

"Cuando en el rescate hay una persona con fractura, se utiliza una camilla especial y el entablillamiento se hace manera especial. En estos casos baja otro rescatista. Tratamos que la acción no sea tardía porque se incrementa la ansiedad de las víctimas y pueden llegar a dificultar el rescate", explicó

Polisur

En la policía de San Francisco, Polisur, el comisario Marcelo Boldrini, ingeniero de sistemas y piloto del helicóptero de este cuerpo de seguridad, aseguró que "uno de los hechos más sublimes es salvarle la vida a una persona".

"El rescatista debe tener mucha comunicación con el piloto, ya que desde ese momento el principal se denomina maestro de salto y se convierte en el conductor del rescate. Sobre él pesa la responsabilidad de coordinar a todas las personas que se involucran en el rescate", dijo Boldrini.

Afirmó que recientemente Polisur, rescató del Lago de Maracaibo a una persona que tenía intenciones de suicidarse.

"Cuando recibimos la notificación, enseguida llegamos al sitio, ya que desde el aire se visualiza mejor la ubicación de la víctima y le lanzamos un salvavidas, ella se aferró al mismo y poco a poco la llevamos hasta un barco pesquero que se encontraba cerca del área. Allí la agarraron y se declaró como exitoso el trabajo".

La prensa de Aruba, principalmente, el diario Noticia di Dia, dio amplio despliegue al rescate de los dos venezolanos. Tanto en su edición matutina del viernes 27 y en su página web, presentaron en detalle fotos y textos con los relatos del piloto y copiloto que amarizaron en la mañana del jueves cuando se dirigían a Estados Unidos luego de reabastecerse de combustible en la isla Providencial, que pertenecen a las islas Turcos y Caicos.

OTROS RESCATES

El 28 de noviembre de 2000, a las 10:25 HLV (14:25 GMT) amarizó la aeronave matrícula YV-818 CP, con 8 personas a bordo, se hundió en el Mar Caribe frente a la avenida Perijá de Carúpano, en el estado Sucre.

Fueron rescatadas seis personas vivas, el piloto Robert Millán, Daniel Herrera, gerente de operaciones de una empresa cinematográfica (dos únicos venezolanos), el francés Regis Ruset, de 43 años, Alan Corno, de 32 años, Julien Tuján, de 32 años y Luc campere, de 48 años.

En este accidente fallecieron Patrick Lancelot y Bernard Lutic, de quienes se desconocen otros datos, pues quedaron atrapados dentro de la nave.

La avioneta hacía un recorrido para buscar una locación para filmar una película en la Península de Paria, y por falla mecánica en uno de sus motores se declaró en emergencia, perdiendo altura y precipitándose.


© Panorama Digital, 2001

EL RELATO DE A UN MES DEL AMARIZAJE Y RESCATE DE "NACHO" LUZARDO Y FRANCO BELLAROSA

Pilotos más fuertes que el miedo

El pasado 26 de julio de 2001, José Ignacio Luzardo y Franco Bellarosa, amarizaron forzosamente en el Caribe. Sobrevivieron después de naufragar ocho horas. Fueron salvados "por Dios, los amigos y los rescatistas de Aruba", según "Nacho".

Tomado del Diario PANORAMA, domingo 26 de agosto de 2001 Texto: María Alejandra Carrillo / Foto: O. Márquez/E. Semprún

Las manos alargadas de Nacho Luzardo suben cada 10 minutos para rascar las cicatrices aún rojizas de su cabeza. Tres heridas de por lo menos siete centímetros cada una le llaman los recuerdos "de ese día en que Franco Bellarosa y yo nos salvamos porque así lo quiso Dios.

Se dieron todas las condiciones para que muriéramos en una balsa, a 230 kilómetros de Aruba".

Desde su oficina en el área privada del Aeropuerto La Chinita, el piloto de 27 años evoca, como si no hubiese pasado un mes, el amarizaje obligado por una falla en el único motor del avión Bonanza, propiedad de Bellarosa desde hace 19 años.

El empresario, de 65 años, partió a su Italia natal una semana después del accidente. La tarde del suceso, declaró a PANORAMA que "Nacho siempre mantuvo la calma. Vencimos la muerte gracias a su fuerza, a su capacidad de controlarse y tranquilizarme. Si no hubiera sido por él, no tuviera una historia para contarle a mis nietos".

Desde que se graduó de piloto privado en la Escuela de Aeronáutica del Zulia, en 1995; y en 1997 como piloto comercial, "Nacho", como le llaman todos, vuela de Maracaibo hasta Aruba, Margarita, Valencia, Caracas o al Sur del Lago con tanta frecuencia como lo solicitan los clientes de la empresa que comparte con Alejandro Torres, un piloto con más de 24 años de experiencia, uno de sus mejores amigos.

"La falla mecánica que presentó el Bonanza ocurre en uno de cada 100.000 aviones. Ellos tenían 3% de sobrevivir a ese accidente", comenta Torres, a punto de salir rumbo a Aruba, la mañana del pasado jueves.

Todo listo José Ignacio se despidió de su socio, revisó su computadora portátil, sacó mapas de su maletín marca Boeing. Como siempre, bien preparado para el momento:

"95% de los accidentes aéreos suceden por fallas humanas. Hay pilotos que se estrellan sin saber lo que está pasando. Yo caí en el
otro 5%".

"Franco llevaba 19 años viajando solo en ese avión. Eso sí, no despegaba sin un peluche que le regaló su hija hace mucho tiempo: Un Snoopy disfrazado del barón rojo, al que llamaba 'el copiloto'.

El 26 de julio yo ocupaba el puesto del peluche. Al 'copiloto' le tocó ir en uno de los cuatro puestos restantes".

Bellarosa nunca imaginó que su seguro de vida fue no hablar inglés: "Por eso me contrató. Saqué mi licencia norteamericana en Houston en el año 2000. Conozco el manejo de los procesos tanto aquí como en Estados Unidos, son dos situaciones totalmente distintas".

Durante tres meses, el italiano planificó volar hasta Miami y de allí a Chicago, para visitar a su hija. "Me contrató 15 días antes de partir, porque un piloto amigo de él no pudo acompañarlo. El 25 cargamos el equipaje, chequeamos el avión y todo estaba perfecto".

"A las 5:00 am Franco me fue a buscar a mi casa. En el camino hacia el aeropuerto me comentaba lo impresionante del rescate de unos buzos que se estaban ahogando. El presenció el suceso, en un viaje que hizo a Australia".

Como siempre

A las 6:09 am despegó el Bonanza. "Comentábamos lo hermoso del amanecer en Maracaibo. Por mucho que uno esté acostumbrado a verlo, nunca deja de impresionar".

"Cuando volábamos sobre Los Monjes eran las 6:45 am. Le conté un chiste a Franco: 'El Vaticano ha tenido que intervenir en la disputa de Venezuela y Colombia por esa isla, porque los colombianos se quieren coger Los Monjes'. No había espacio para malos presagios".

"A 9.500 pies de altura, nos adentramos en el mar luego de pasar Castilletes. La Península Guajira es lo último que se ve de tierra hasta llegar a Providenciales, al norte de Haití, donde se hace escala para echar gasolina. El mar se veía tranquilo con mil tonos de azul, el cielo estaba despejado".

Nacho interrumpe sus recuerdos para desplegar el mapa en su escritorio:

"Eran las 7:35 am cuando notamos que el avión empezó a vibrar. El motor se detuvo y quedamos planeando, perdiendo altura. La gente cree que un avión cae como una máquina de escribir, pero no.

Pasamos 10 minutos en el aire antes de impactar con el mar".

Pulpo del aire

Cuando el motor empezó a fallar, los pilotos se miraron sin hablar:

"Franco se aferró al volante. Nos devolvimos buscando Aruba, era el
pedazo de tierra más cercano, a 230 kilómetros. 'Busca un barco, busca un barco', le repetí a Franco más de 40 veces... Pero no había".

Mientras Bellarosa intentaba mantener la estabilidad de la nave, José Ignacio intentó establecer comunicación con cuanto avión estuviera ubicado en su frecuencia radial:

"El primero que me escuchó fue uno de United Airlines, que le avisó a varios más".

"Cuando me comuniqué con Curazao, el país a quien le corresponde las aguas donde nos caeríamos, ya le estaba poniendo el chaleco salvavidas a Franco. Sólo me dio tiempo de decirles que estaba en emergencia y que iba a amarizar. No me entendieron. Me preguntaron en cuánto tiempo aterrizaba en Aruba".

El micrófono de la radio salía de un cintillo colocado en donde a las 7:41 am ya había tres heridas ensangrentadas. "Con las dos manos libres, pude sacar la balsa, quitarme los zapatos y colocarlos en la puerta. A las 7:40 nos encontrábamos a 1.000 pies del mar, y en segundos, impactamos con olas de tres metros de altura".

"Se siente lo mismo que un choque en carretera con una velocidad de 120 kilómetros por hora. La puerta del avión salió disparada y Franco se fracturó el tabique, su cara pegó al vidrio y no le dio tiempo de quitarse los lentes. Sufrió golpes en el pecho y en el brazo, botaba mucha sangre.

Yo me fracturé una rodilla y me golpeé la cabeza con el techo", cuenta "Nacho" mientras muestra las cicatrices que tanto toca.

"No sentí miedo, sino impotencia. Nos jodió una falla mecánica poco común y que no nos permitía llegar a tierra".

"El agua comenzó a entrar en el avión. Estiré la cuerda de cinco metros de la balsa hasta llevarla lo más lejos posible, para que no se hundiera con el avión. Tuve que halar a Franco para que saliera rápido. Él no se resignaba a abandonar el avión sin sacar al 'copiloto', pero el peluche también se hundió con el Bonanza".

Náufragos

Después de ocho minutos del choque con el agua, el Bonanza de Franco emprendió un viaje de 700 metros hasta tocar el fondo del mar. "No hizo falta inflar los chalecos. Franco es buzo, llegó bien al bote, incluso con los zapatos puestos".

El fondo de la balsa amarilla de dos metros de diámetro sostenía a Franco, casi inmóvil y a Nacho quien trataba de sacar un poco de agua rojiza: "La balsa parecía una piscina de agua ensangrentada. Con los zapatos de Franco saqué un poco, pero tuvimos que quedarnos con esa agua... Si botábamos más, atraeríamos a los tiburones".

A las 8:00 am pasó el avión de United. "Calculo que bajaría a unos 4.000 pies, por supuesto no nos vio. 15 minutos más tarde comenzaron a pasar los aviones de búsqueda. En 40 minutos vimos pasar dos F-16, un avión antinarcos de Estados Unidos".

"Les agitaba un pañuelo, pero sabía que era difícil ver una balsa tan diminuta. A 1.000 pies de altura, el bote se ve como un condón".

Una lluvia les llevó agua dulce a los náufragos: "Fue exactamente a las 9:30. Con la bolsa de primeros auxilios recogí agua y tomamos.

Reconocí la avioneta de mi socio Alejandro, también un avión Pluto I de Aruba y un Orión de la Marina holandesa".

"Pasamos tres horas viendo aviones. Me desesperé pensando que no nos veían, no se lo dije a Franco, creo que él estaba más pesimista, pero tampoco me lo hizo saber".

El reloj de Nacho marcaba las 12: 35 cuando el avión de la Armada holandesa lanzó boyas fluorescentes alrededor del bote: "Nos abrazamos y lloramos de alegría, como dos muchachos. Minutos antes pasó un buque petrolero. No se detuvo ni para echarnos agua dulce".

Lo peor

Sobre José Ignacio y Franco descendió un helicóptero holandés: "A la 1:58 pm, el rescatista ayudó a Franco a montarse, él estaba lleno de ánimo. Sin dejar de mirar hacia abajo subí yo".

"Después de un mes me sigo preguntando cómo pudieron ver una balsa que fácilmente perdí de vista. Creo que Dios y la suerte nos guió a todos".

Las primeras palabras luego de la agonía, suenan como música en los recuerdos de Nacho. Acostado en la emergencia del "Dr. Horacio Oduber" Hospital, en Aruba. Franco le dijo a su copiloto suplente: "Los peores minutos los viví cuando estaba en el helicóptero, y no te veía".

EXPERTO

La dirección del viento los ayudó a resistir en el mar



"Gracias a Dios que ese día el mar no estaba picado, porque uno de los factores que permitió la sobrevivencia de Ignacio Luzardo y Franco Bellarosa en el amarizaje del 26 de julio, a 87 millas náuticas de la isla de Aruba, fue la dirección del viento, pues, estaba cruzado con la marea, es decir, la marea y el viento se encontraron de frente, cara a cara. Debido a esto no se presentaron fuertes oleajes", expresó el capitán Luis Amaya, una de las personas que salió en busca de los náufragos aquella mañana del jueves.

"Ellos no se movieron más de 30 millas del lugar donde cayeron hasta el sitio que fueron hallados, pues allí se mantuvieron. Esto hace presumir que no había mucha corriente".

Amaya dice si a Luzardo y a Bellarosa los hubiera castigado el viento
junto con la marea, estarían muy lejos, y las labores de rescate resultarían infructuosas.

En su relato recuerda que Franco estaba tirado todo el tiempo en la balsa, mal herido. Desde las 8:00 de la mañana ellos se encontraban en alta mar y el sol empezaba a castigarlos.

"Cuando los ubicamos en la balsa, Nacho hizo señales de habernos visto, de hecho, estuvimos sobrevolando apenas a unos 30 metros del nivel del mar durante una hora y media".

La salida

"La avioneta en la que nos trasladamos salió del aeroclub a las 11:00 de la mañana, y los avistamos a las 12:00 del mediodía. No fue sino hasta las 1:50 de la tarde, cuando la armada de la Marina Holandesa, a bordo de un helicóptero especial de rescate sacaron primero a Franco en forma de rapel y cuatro minutos después a Nacho".

Yo sabía -continuó- que el primer avión que salió del aeroclub estaba en la búsqueda de nuestros amigos, lo estaba pilotando Alejandro Torres y lo acompañaba Patrick White, compañeros de trabajo de Nacho, ellos iban a la par con un avión de Aruba, denominado Pluto III.

"Nos comunicábamos con Torres para no coincidir en el mismo sitio con ellos, sin embargo, cuando sobrevolamos la balsa donde se encontraban Ignacio y Franco, en ese momento la Marina Holandesa no quiso que interviniéramos".

"La armada los localizó, pero luego se volvieron a perder de vista. Bajé lo más cerca que pude, pues la familia de Nacho, que era la única que nos acompañaba estaban muy emocionada y ansiosa. Al principio del recorrido no conseguíamos la balsa", apuntó.

"Al ver que ya estaban a salvo dentro del helicóptero de rescate nos
enrumbamos de nuevo a Maracaibo, pues en Aruba se iban a quedar
Alejandro Torres y Patrick White hasta traer de regreso a Nacho y a
Franco", explicó

RESCATE

La aeronave se encuentra a 700 metros de profundidad, en aguas internacionales.




FELICITACIONES A TODO EL PERSONAL DE RESCATE QUE INTERVINO

MISIÓN CUMPLIDA

"SALVAR VIDAS"